
Downs, Riker y Magaloni:Factores que influyen en la participación política. L.D. Francisco Jaime Hidalgo González Maestro de Carrera de Medio Tiempo. Universidad La Salle Pachuca Max Weber dicta la definición clásica del Estado moderno: “ente jurídico-político que ostenta con éxito para sí el monopolio exclusivo de la fuerza física legítima”. Ahora bien, para desarrollar todas las funciones que le son conferidas por los individuos a los Estados para dictar y asegurar el orden desde su formación -ya sea histórica o formal- los primeros necesitan de gobiernos, los cuales son “organizaciones que poseen poder de monopolio suficiente para imponer coactivamente una ordenada solución de conflictos con otras organizaciones de la misma zona.” (Robert A. Dahl y Charles E. Lindblom). Así, los gobiernos desarrollan funciones especializadas que los diferencian de las demás organizaciones sociales. Pero, ¿qué motiva a los ciudadanos a votar o dejar de hacerlo, en el contexto de las democracias modernas?, esta pregunta no es nueva y, a continuación, se tratará de exponer una de las teorías más interesantes sobre el tema y dar nuestras propuestas. |
Teoría de elección racional. Esta teoría fue esbozada en un principio por Anthony Downs en su libro An Economic Theory of Democracy (1957); el argumento principal dado por él es que el valor del voto es el valor del supuesto efecto que éste tendría para cambiar lo que sucedería si no se votará. De tal suerte que en esta teoría el ciudadano se convierte en una especie de consumidor, en donde éste tendrá que calcular si emite su voto, después, qué candidato o partido escogerá o, en su defecto, si se abstiene de votar. Estos cálculos se realizan teniendo en cuenta las siguientes limitantes: el voto es único, personal e intransferible. Para determinar si vale la pena votar, el ciudadano -argumenta Downs- calculará su “diferencia partidaria”, ésto es, en qué medida mejoraría la situación del ciudadano si el partido de su preferencia triunfa en las elecciones y, multiplica luego este dato por la probabilidad de que su voto modifique el resultado de la elección de modo tal que su partido gane en lugar de perder. (Brian Barry; Sociólogos, Economistas y Democracia). Por su parte, Riker critica a Downs argumentando que: “atribuir una parte considerable de la política al misterioso e inexplicable mundo de lo irracional no es, ciertamente, explicación alguna”. (Tomada de Brian Barry; Sociólogos, Economistas y Democracia). Riker propone que el ciudadano percibe recompensas al votar tales como “concordar con la ética del voto, afirmar una preferencia partidaria, la satisfacción de participar en los comicios etc. Beatriz Magaloni Kerpel, investigadora y estudiosa de las cuestiones político-electorales, plasma en términos formales los factores que los ciudadanos evalúan antes de tomar una decisión, según los análisis dados tanto por Downs como por Riker; así, Magaloni establece el modelo para determinar la utilidad esperada de votar (Magaloni, 1994) como R = PB + D - C donde: R = beneficio esperado por votar. B = diferencia de desempeño esperado de los distintos partidos (X - Y, siendo X el favorito), cuando el ciudadano confronta dos partidos; en sistemas con tres partidos sería: B = X - qY - (1 - q) Z entonces: R = P(X - qY - (1 – q) Z) + D - C. D = valor de votar como producto de un “sentido cívico”. C = el costo de votar. P = probabilidad de que ese voto decida la elección, es decir, que rompa u ocasione un empate en beneficio del candidato favorito. Las evaluaciones empíricas hechas por Riker dieron como resultado que las variables contempladas en este modelo afectan los niveles de votación. Magaloni señala que “...el beneficio del voto aumenta, por un lado, si la diferencia percibida entre los partidos contendientes es mayor y, por el otro, si las elecciones son más competitivas, ya que ello aumenta la probabilidad de que unos pocos votos decidan el resultado”. Pero existen en esta teoría dos problemas ya estudiados por diversos investigadores. El primero radica en cálculo del factor D de la ecuación, ya que se argumenta que éste es altamente previsible porque en último instante el ir a votar se explica por razones altruistas o por un sentido cívico, variables que no pueden contabilizarse cabalmente y, el segundo se define entorno al factor P, en el cual, señala Brian Barry, que la probabilidad de que mi voto decida la elección, es decir, que rompa u ocasione un empate en beneficio del candidato favorito tiende a ser casi nulo, debido a que el número de electores en las sociedades actuales es alto, disminuyendo proporcionalmente esta probabilidad. Propuesta. Al analizar la ecuación citada en párrafos anteriores nos podemos dar cuenta de lo complejo que resulta ser el estudio de actitudes y preferencias de los individuos. Motivados por estas razones, trataremos de ampliar la ecuación dada por Magaloni y plasmar una hipótesis. Así, al igual que los estudiosos antes citados, trataremos de encontrar factores que influyan en la decisión del individuo de ir o no a votar. Nos concentraremos por el momento en el factor D de la ecuación. De tal suerte resulta que las conclusiones de los investigadores en este sentido son que este factor puede reducirse al sentimiento de “afirmar una lealtad al sistema político, afirmar una preferencia partidaria, tomar una decisión o externar un sentimiento de deber patrio etc..”; pero estas circunstancias o sentimientos deberán de tener un origen y un medio de transmisión, así, asumiremos que el origen de estos sentimientos se encuentran en los Programas de Educación Formal del Estado, o en su defecto, el Estado será el encargado de diseñar y difundir estos conceptos, por ende, la escuela será el medio o instrumento primario de difusión de estos valores y en segundo lugar, no por ello con menor importancia, será la familia. Sobre el origen, diseño y transmisión de valores de participación y conocimiento del sistema y régimen político tomamos el supuesto de que el Estado cumple de manera eficaz con estos puntos, los maestros son capacitados de forma adecuada, conociendo y transmitiendo estos valores y los individuos, en su momento, los ejercen y transmiten en su entorno inmediato, teniendo como primer círculo interactivo a la familia, pues “... de ella se sirve la sociedad para transmitir a cada uno de sus miembros los valores con que se identifica y que preserva sus estructuras específicas ... Es en el ámbito familiar donde el individuo establece sus primeros contactos con una estructura de poder; (…) es el agente de socialización política fundamental....”. (Loaeza, s/a ) El párrafo anterior describe un universo de un Estado eficiente, eficaz y responsable, un sistema de educación moderno, maestros capacitados y comprometidos con la sociedad y un primer núcleo de socialización abierto y tolerante, la familia. Pero la realidad nos demuestra que, en palabras de John Stuart Mill: “sin... una alfabetización universal, ningún tipo de gobierno de opinión pública es posible”, o de Adam Przeworski: “... los derechos políticos son universales en todas las democracias. Pero en muchas de éstas, hay masas de gente que no están en condiciones de ejercerlos. Por ello estamos ante un nuevo monstruo: la democracia sin una ciudadanía eficaz.” (Przeworski, 1998). De lo anterior nos vienen a la mente los individuos que no están incluidos en la educación formal o, estando incluidos pertenecen a una familia en donde las relaciones no son basadas en la libertad de ideas, tolerancia ni igualdad en las posibilidades de interacción con respecto al diálogo. De esta forma, se genera un círculo vicioso en donde intervienen desde los programas institucionales de educación hasta los miembros de la familia. Por ello, proponemos, en primera instancia, otro factor de análisis que se agrega a la ecuación descrita por Magaloni. Este factor se abrevia como NISSEP (Nivel de Información sobre el Sistema Electoral y Político), el cual tratará de plasmar la percepción del individuo acerca de su conocimiento sobre estos temas y el peso específico que esta variable tendrá en la decisión del ciudadano en ir o no a votar. Por el momento nuestra ecuación quedaría de la siguiente forma: R = ((NISSEP) + (PB + D)) - C Lo que tratará de plasmar este factor será el conocimiento del individuo acerca de las funciones de sus representantes, las formas de elección de sus representantes, conocimiento acerca de las características del voto y conocimiento acerca de la existencia de autoridades electorales y sus funciones (a nivel federal o local) según sea el caso. Con la valoración de este factor, mediante estudios de opinión pública, ejercicios cualitativos y consecuentemente la generación de un índice de medición de los resultados obtenidos, se tendrán percepciones de la ciudadanía sobre dichas variables y de qué manera influyen en el comportamiento electoral, es decir, si el ciudadano se abstiene o no de ir a las urnas. Aunado al índice NISSEP se propone evaluar otro. Éste se concentrará en medir la confianza que tiene el ciudadano acerca de la labor de las autoridades electorales, es decir, que dichas autoridades garanticen la legalidad, imparcialidad, equidad y objetividad. Llamaremos a este índice ICLE o Indice de Credibilidad de la Labor Electoral. De igual forma que el NISSEP, se desarrollarán una serie de estudios, tanto cualitativos como cuantitativos, para generar este resultado. La ecuación final versaría de la siguiente manera: R = ((NISSEP) + (ICLE) + (PB+D)) - C El estudio de estos factores traería consigo una argumentación más sólida sobre las acciones o políticas públicas que se tienen que diseñar y aplicar con el objetivo de concientizar a la ciudadanía de que su participación en la cuestión pública es condición necesaria para generar situaciones sociales, políticas, económicas y jurídicas que beneficiarán al colectivo. El objetivo de este ensayo es presentar futuras líneas de investigación para contribuir al enriquecimiento y fomento de una cultura democrática más sólida y, de tal suerte, disminuir los niveles de abstencionismo electoral y comportamientos ciudadanos pasivos. REFERENCIAS Loaeza, Soledad (s/a). La familia autoritaria, en México; Diálogos núm.108. Magaloni, Beatriz (1994). Elección racional y voto estratégico: algunas aplicaciones para el caso mexicano, en: Política y Gobierno, vol. 1, núm. 2, segundo semestre de 1994. Przeworski, Adam (1998). El Estado y el ciudadano, en: Política y Gobierno, vol. V, núm. 2, segundo semestre de 1998. |







Comentarios
NO CONCUERDO EN LO PERSONAL CON BEATRIZ CREO QUE UN VOTO SI AYUDA, AL FINAL DE CUENTAS VOTO X VOTO HACEN LA DIFERENCIA SI CADA UNO DE NOSOTROS FUERA ELIMINANDO SU VOTO POR PENSAR QUE SERA NULO TENDRIA UNA BAJA SIGNIFICATIVA Y VICEVERSA.
En lo que si estoy de acuerdo es en que uno dará su voto según la transmisión de valores de cada partido y por cada institución que se encargue de difundir dicho partido.
No se que tan valido sea tratar de entender, y por lo tanto anticipar el comportamiento de la gente a través de formulas matematicas para un evento como las elecciones.
Usted mismo de alguna manera nos lo da a entender en la sentencia de Riker cuando critica a Downs argumentando que:
“atribuir una parte considerable de la política al misterioso e inexplicable mundo de lo irracional no es, ciertamente, explicación alguna”.
Ahora bien, en su articulo también comenta de alguna manera, que el problema del abstencionismo se reduciría, en párte, con educación politica en las escuelas, y con familias integradas, tolerantes e incluyentes. Entonces porque no enfocar los esfuerzos en esa dirección, pero con propuestas y acciones concretas en las que se invite a participar a toda la poblacion.
Saludos,
Gerardo Reynoso Vélez
En México, contamos con un sistema electoral particular, que a mi parecer se asemeja mas a la primera teoria expresada por Downs, la cual se amnifiesta en México con la promesa de "hueso", por lo cual vemos a gente que no conoce de politica, el expresarse de manera vehemente por un partido, sin conocer siquiera la totalidad de sus ideales o del proyecto de nacion que este propone, este sistema de entregar puestos a cambio de favores, nos tiene como pais, en un sistema electoral, en ocasiones, retrogada y corrupto.
Muy buena aportacion Jaime, nos enorgulleces.
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