
FORMACIÓN CIUDADANA Y EDUCACIÓN SUPERIOR DESDE LA COMPLEJIDAD
La presente reflexión trata de reconocer en la formación ciudadana el paradigma de la complejidad, pues ésta se ha ignorado al considerar que la formación de ciudadanos se logra mediante la transmisión de la información y la inculcación de valores para la ciudadanía, simplificando tal proceso en las prácticas escolares, tanto en la relación propiamente educativa, como en la estructura organizacional de las IES. Se ha limitado también la relación entre la escuela y la sociedad, al pretender que creando espacios aislados del entorno social es la manera adecuada de transmitir saberes, valores y competencias, sin ver que la sociedad en la cual se inscribe determinado espacio escolar es también fuente de aprendizaje, contexto de acción y objeto de transformación. |
Se parte del supuesto de que la educación superior podría tener un importante papel en el desarrollo y la democratización de las sociedades al formar ciudadanos conscientes, críticos y reflexivos acerca de la problemática económica y social de la comunidad de pertenencia y del planeta, es decir, es necesaria la formación de una ciudadanía de alta intensidad (término de Guillermo O’Donell para referirse a sujetos con altas competencias ciudadanas) en los estudiantes universitarios. Se piensa que lo anterior es viable mediante la conformación de universidades democráticas, implicadas en la generación de procesos de democratización del conocimiento, creación de espacios públicos de reflexión ciudadana y democratización de sus propias prácticas, ya que el ciudadano también se configura en los espacios escolares, lo cual tiene repercusiones paradójicas en tanto éstos no son el mejor ejemplo de ejercicio democrático, tanto desde la dimensión político-estructural, como desde la organizativa y la práctica pedagógica en sí, aun cuando son los espacios oficiales para formar ciudadanos. Sin embargo, Morin (2001: 31) afirma que: “mientras los medios producen la cretinización vulgar, la Universidad produce la cretinización de alto nivel. La metodología dominante produce oscurantismo porque no hay más asociación entre los elementos disjuntos del saber y, por lo tanto, tampoco posibilidad de engranarlos y de reflexionar sobre ellos”. Si la multireferencialidad básicamente es una lectura plural que permite estudiar al objeto de investigación desde diferentes ángulos, la complejidad es “el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo fenoménico...la dificultad del pensamiento complejo es que debe afrontar lo entramado (el juego infinito de interacciones), la solidaridad de los fenómenos entre sí, la bruma, la incertidumbre, la contradicción” (Morin 2001: 32). De lo anterior se deriva que la educación, como campo de estudio, se puede mirar desde la complejidad, esto implica una visión tanto sistémica, como comprehensiva y hermenéutica de los fenómenos educativos, vistos éstos como totalidades en proceso. Se considera que el carácter incierto de los fenómenos, más que implicar el inmovilismo, invita a la acción responsable y meditada del sujeto-ciudadano para la construcción de la realidad social. El ciudadano pierde su esencia como tal fuera de la democracia, ésta supone incertidumbre desde el momento en que los procesos democráticos son abiertos y contingentes, llevados a cabo, eso sí, bajo reglas conocidas que también evolucionan. Sin embargo, la educación formal se mueve más bajo la lógica de las certezas, eludiendo el carácter complejo de la realidad social. Es decir, mientras más se cultiva la idea de lo dado de las cosas, menos capacidad transformadora tiene el sujeto ciudadano. El determinismo ofrece seguridad, ésta ofrece asideros firmes y un actuar limitado; así, nos angustia la incertidumbre y eso produce una falta de capacidad de construir realidad y futuro. Morin (2001: 95) explica que “La aceptación de la complejidad es la aceptación de una contradicción, es la idea de que no podemos escamotear las contradicciones con una visión eufórica del mundo”. La democracia no es un régimen estable o ideal ajeno a la incertidumbre, sino que es el principio de procesos sociales en constante transformación: “la democracia constituye, por consiguiente, un sistema político complejo en cuanto vive de pluralidades, competencias y antagonismos permaneciendo como una comunidad” (Morin, 2001 bis: 103). Asimismo, Morin (2001 bis) explica que la democracia es una relación compleja entre el individuo y la sociedad: los ciudadanos producen la democracia que produce a los ciudadanos. La democracia requiere el consenso de la mayoría de los ciudadanos y el respeto a las reglas democráticas, los ciudadanos son los agentes que mueven tales procesos, por lo que deben ser sujetos preparados para la incertidumbre y la construcción de futuro. Lo anterior supone una transformación educativa, entre otras cosas, en lo que toca a la formación ciudadana.
El concepto mismo de ciudadanía también adquiere complejidad en sus posibilidades de resignificación, puesto que hoy en día en que la especie humana está auto-amenazada es difícil tener claridad de lo que puede significar la ciudadanía y las nuevas solidaridades que son necesarias para la construcción de un mundo menos desigual y más tolerante hacia la diversidad, por lo cual la noción de ciudadanía y el ejercicio que conlleva en las esferas pública y privada deben concatenar la práctica solidaria y responsable en la dimensión local, nacional y planetaria. Se considera que la educación superior debe ser incubadora del desarrollo de la mencionada práctica, entendida como actividad compleja, consciente, autónoma y transformadora. Referencias bibliográficas: Morin, Edgar (2001), Introducción al pensamiento complejo, Barcelona: Gedisa ___________ (2001 bis), Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, México: El correo de la UNESCO ___________ (2002), La cabeza bien puesta. Repensar la reforma. Reformar el pensamiento, Buenos Aires: Nueva visión Humberto Mejía Zarazúa. Investigador de la Dirección de Posgrado e Investigación de la Universidad La Salle Pachuca |







Comentarios
Cuando cita de manera adecuada que la educación superior podría tener un importante papel en el desarrollo y la democratización de las sociedades al formar ciudadanos conscientes, críticos y reflexivos acerca de la problemática económica y social de la comunidad de pertenencia y del planeta, me permitiría agregar que es importante desarrollar y destacar el importante rol que al interior de las universidades tenemos los docentes, sin importar medios tiempos o tiempos completos, por ello se requiere y urge un replanteamineto en los espacios universitarios donde se dé preeminencia a la capacitación y el fortalecimiento de los cuerpos académicos de las diferentes áreas del conocimiento.
Saludos cordiales Dr.Cs.David Mendoza Armas. Docente de Posgrado La Salle Pachuca
Nceesitamos trabajar en red.
Me gusta el artículo y me parece importante hacer una discusión sobre las configuraciones de ciudadanía en nuestras países y el paepl que la universidad lasallista tiene.
Estoy seguro que existen muchos estudiantes y catedráticos que tienen intenciones de subir sus investigaciones y/o ensayos.
Felicitaciones
El estudio de lo social sólo es posible a partir de una postura teórica que permita direccionar nuestras acciones en la realidad. En la comprensión de la complejidad, no basta enunciarla, requiere de la "mirada teórica" que permita darle sentido y significado.
Es tarea de los educadores profundizar en el entendimiento de la complejidad educativa y formular acciones en favor de la formación del ser humano.
Que sea ésta una oportunidad de encontrarnos en temas de investigación y otros. AL Dr. Humberto Mejía, lo felicito pro su artículo y lo invito a proponer proyectos conjuntos con la Salle BGT, desde los centros de investigación que tocan estos temas.
Saludos.
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